| En su novela Pedro Páramo, autor Juan Rulfo explora varias nociones de la muerte y la vida, incluyendo pecado, castigo, sufrimiento, y redención. Aunque al principio nos familiariza con el personaje principal Juan Preciado, quien aparentemente encarna el dominio de lo verdadero, finito, y mortal, poco después sus correrías para encontrar su padre desconocido lo sumergen en el mundo de lo fantástico, fantasmal, y fuera del tiempo – un pueblo que se llama Comala. Gradualmente, llega a destapar, poco a poco, la historia trastornada de su padre, Pedro Páramo, y el puebl maldito bajo su dominación y explotación, en donde numerosas almas esperando por la salvación lamentan las tragedias de sus vidas pasadas. En la progresión de la narración, aprendemos que el padre de Juan Preciado no es simplemente un hombre poderoso y siniestro, sino que es una entidad inhumana con una existencia extremamente compleja. De hecho, Rulfo utiliza una estructura de tiempo no lineal para representar el aspecto eterno de la crueldad de Pedro Páramo, pero a la vez, por medio de este estilo muy fragmentado, sugiere la vulnerabilidad de un poder construido, pedazo por pedazo, por el saqueo de otros – una inestabilidad estructural presagiando su perdición final. Inmediatamente, los saltos de tiempo dan la impresión de una crónica rica de sus crimenes, y nos inundan con su antigüedad que parece casi inmortal. En el comienzo, alcanzamos a ver una visión retrospectiva de Pedro Páramo de niño en las fases tempranas de su cualidad de travieso; en este momento, su abuela y luego su madre le encargan comprar varios ingredientes, tela, y cafiaspirinas. No obstante, Pedro agarra más dinero que es necesario de la repisa del Sagrado Corazón y la maceta del pasillo, con la mentalidad de que “Ahora me sobrará dinero para lo que ofrezca” (p. 76). Aún a su familia está dispuesto a victimizar para su propia ganancia. Además, las anécdotas brincan esporádicamente a otras personajes y fechas hasta el punto de que la injusticia parece extenderse infinitamente. Dolores, la madre de Juan Preciado, recuerda “El abandono en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro” (p. 81). Pero descubrimos que Abundio también es un hijo ilegítimo de Pedro Páramo, y no aprendemos las circunstancias ni el margen de tiempo de su nacimiento (p. 67). Eventualmente, a través de los numerosos cuentos de los fantasmas, nos atrancamos en la verdad horrorosa de que todas las mujeres a quienes encuentra Juan Preciado en la novela, las viejas y las jóvenes, componen los eslabones en la cadena brutal de violencia que rodea un período de tiempo incomensurable; ya que no sabemos el orden exacto ni el relato completo de los delitos, el dominio potencial de Pedro Páramo es literalmente interminable. Para el lector, parece que permanecen pocos rastros de esperanza que la tiranía de Pedro Páramo pueda ser extinguida. Sin embargo, la estructura fracturada de la narración, generada por el serie de mini-cuentos, paradójicamente alude a una debilidad inherente de esta fuerza monstruosa – que un individuo compuesto solamente de piedras dispersas confiscadas de otros, y no de una esencia entera, potencialmente se estropea. Por muchas épocas, Pedro Páramo sigue acumulando tierras a expensas de los individuos desafortunados con quienes se topa. Por eso, su posición alta reside exclusivamente en recursos extrínsecos; no posee una vitalidad de vivir ni motivación de trabajar por su propio éxito que viene de adentro. Debido a este hecho, cuando alguien le niega estos recursos de donde saca su poder, se materializan las vulnerabilidades de su existencia. Por mucho tiempo, nadie tenía la fortaleza para resistir sus avances seductivos, y consequentemente su soberanía continuaba indesafiada. Pero finalmente, la piedra que no encaja en la estructura maliciosa ha aparecido en su vida – la mujer Susan San Juan. Debido a un tratamiento traumático que le da a ella su padre Bartolomé San Juan (“por el modo como la trata más bien parece su mujer,” comenta Don Fulgor Sedano, administrador de la propiedad de Pedro la Media Luna), se manifiesta abnormalidades mentales que parecen como una locura al resto del pueblo (p. 138). A Susana no le interesa para nada el Pedro que está enamorado de ella, y durante los días angustiosos de la enfermedad de ella, Pedro “pensaba más en Susana San Juan, metida siempre en su cuarto, durmiendo, y cuando no, como si durmiera” (p.151). El rechazo y luego la muerte de Susana entonces afecta una metamorfosis profunda en Pedro Páramo; “fueron días grises, tristes para la Media Luna. Don Pedro no hablaba. No salió de su cuarto,” aunque antes nunca mostraba emoción hacia ninguna otra persona (p. 171). Al fin, el personaje quien el autor había juntado, víctima por víctima y cuentito por cuentito, se cae de una vida infinita y en un golpe “se fue desmoronado como si fuera un montón de piedras” (p. 178). La fragmentación de su historia, que antes servía como su fuerza principal, se termine por caso de una anomalía singular que revela la instabilidad subyacente de la sistema entera. La forma de la novela funciona en el doble papel de desarrollar un tirano formidable y simultáneamente enterrarlo con una autodestrucción inevitable. De esta manera, Rulfo logra en crear una entidad maligna multifacética que no desciframos a primera vista. ***** Lucy Wang, 2009
The 15 hours that I put into that...not worth it. WHEN will the writing stop???? WHEN can I finally switch my brain into "Math - AUTOPILOT" mode???? In 10.5 hours, that's when. *grips head in hands in imitation of Psyduck* "Psy!"
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